Al recibir invitados en casa, hay detalles que no se pueden delegar del todo: abrir la puerta, presentar a dos personas que todavía no se conocen, sentarse cuando todos han llegado. La cocina puede resolverse de otra manera. Yo me ocupo del menú y de su preparación para que el anfitrión pueda estar en la mesa.
Primero conozco la casa
Una cena privada con chef en Madrid empieza por una conversación práctica. Cuántas personas vendrán, qué se celebra, a qué hora conviene servir y cómo es la cocina. No hace falta disponer de una cocina profesional, pero sí conocer con antelación sus posibilidades: horno, fuegos, frío, espacio para trabajar y acceso a la vivienda.
En un piso del centro, un ático o una villa a las afueras, la preparación cambia. También importan la distancia entre cocina y comedor, los ascensores y la posibilidad de descargar el material. Son cuestiones discretas, pero determinan qué menú puede llegar a la mesa exactamente como se ha concebido.
El menú se decide pensando en quienes van a sentarse
Pregunto por gustos y alimentos que no conviene servir. Conocer una alergia a tiempo es tan importante como saber que uno de los invitados prefiere el pescado a la carne. Cuando hay restricciones, las incorporo desde el diseño del menú; no espero a resolverlas frente a los comensales.
Trabajo con producto de temporada y elaboraciones que tienen sentido dentro de una misma cena. Algunas comienzan días antes: un encurtido, una fermentación láctica, un fondo concentrado o un ahumado suave. A veces unas gotas de Gárum Botánico afinan una salsa; en otras preparaciones tiene sentido el Gárum Sociorum. Ninguna técnica entra por obligación. El criterio es el sabor final.

Qué sucede el día de la cena
La parte que puede adelantarse se trabaja antes de llegar. En casa termino las elaboraciones que lo requieren, compruebo las temperaturas y organizo la salida de cada plato. El acceso y la hora de entrada se acuerdan para no coincidir con la llegada de los invitados.
En una mesa pequeña puedo asumir la cocina y el ritmo de servicio. Si el número de personas, el espacio o la ocasión lo aconsejan, valoro incorporar personal de sala y lo indico en la propuesta. No es necesario convertir el comedor en un restaurante: la disposición habitual de la casa suele ser la mejor.
Al finalizar, recojo el espacio de cocina utilizado. Si la cena requiere vajilla adicional, cristalería específica o elementos que no se encuentran en la vivienda, se estudian y presupuestan antes. Prefiero que el anfitrión sepa qué está incluido y qué no.

La privacidad también forma parte del servicio
En casa la conversación se alarga, alguien cambia de sitio y el café puede esperar. No hay una segunda reserva que obligue a abandonar la mesa. Por eso organizo una secuencia de platos que deje sitio para hablar y ajusto el servicio dentro de lo acordado.
La cocina está presente en lo que se come. No necesita ocupar la reunión. Cuando un plato merece una explicación, basta con la información precisa para disfrutarlo.
Elegir el formato adecuado
Para una cena privada, las propuestas Esencia, Vanguardia y Atelier permiten escoger el alcance culinario y operativo. Esencia parte de 135 € por persona más IVA y Vanguardia de 195 € por persona más IVA; Atelier se presupuesta según el encargo. Es el punto de partida, no una cifra que sustituya a una propuesta cerrada.
En la guía de precios y servicios explico qué incluye cada formato y qué circunstancias pueden modificar el presupuesto. Para una celebración concreta también puede consultar una cena de cumpleaños en casa o un aniversario con chef privado.
Preparar su cena
Si tiene una fecha en mente, basta con indicar el barrio o localidad de Madrid, el número de comensales y el tipo de encuentro. Con esos datos puedo valorar la disponibilidad y empezar a definir el menú. El resto se resuelve conversando.
